domingo, diciembre 18, 2005

Segundo Trimestre: Comentario de Texto ( 4 ) Emma Zunz, de Jorge Luis Borges



El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Feino Fain, de Río Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto.

Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto seguido comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería.

En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día del suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre «el desfalco del cajero», recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.

No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico... De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.

El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió.

Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova... Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.

¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue una herramienta para Emma como ésta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia. Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día... El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que lo advirtieran; en la esquina subió a un autobús, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que no le vieran la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas. Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Paradójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin.

Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el cajón de su escritorio, nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada muerte de su mujer - ¡una Gauss, que le trajo una buena dote! -, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz.
La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se atareaban como los de quien reza en voz baja; cansados, repetían la sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir.
Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un instrumento de la Justicia, ella no quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así.

Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías. Sentada, tímida, pidió excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando éste, incrédulo de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se desplomó como si los estampidos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en español y en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los labios obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la acusación que había preparado («He vengado a mi padre y no me podrán castigar...»), pero no la acabó, porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca si alcanzó a comprender.

Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le quitó las gafas salpicadas y las dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble... El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga... Abusó de mí, lo maté...

La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

Ejercicios:
1,- Resume el cuento en 8-10 líneas.
2.- Busca las siguientes palabras o expresiones: zaguán, acto seguido, furtivamente (o furtivo), vislumbrar, chacra, ulterior, losanges, ínfimo, pileta, trivial, conjetura, ultraje.
3. Estructura del cuento (sus partes y la forma como está planteado).
4. Opinión personal razonada.
5. Breve biografía y bibliografía del autor.

Fecha de entrega: Lunes 30 de enero.


martes, diciembre 13, 2005

Deseos

lunes, diciembre 12, 2005

Control de Literatura medieval

Tenéis que mirar las siguientes entradas del blog en Archivos de Noviembre y Diciembre:
Las jarchas
La poesía galaico-portuguesa
Vida y amores de los trovadores...
La épica caballeresca ( I )
Épica ( 2 ) Poema de Mio Cid
Los juglares medievales
Estructura, métrica y estilo del Poema de Mio Cid
Mester de Clerecía
Poema de Fernán González

No olvidéis que en algunos títulos de las entradas o en medio de los textos hay links que os llevan a información también importante.

Debéis complementar con el estudio de los apuntes y del libro (cuando éste no me contradiga).

Saludos y ¡Ánimo! que ya falta menos...

Los guerreros cristianos en el medioevo ( Al margen del curso)

A veces me gusta comentar cosas al margen del curso. Hice una referencia a la crueldad de los combates medievales, y sin que exista comparación posible, cité a Vlad Tepes, llamado el Empalador y también Drácula, en relación a los combates de la época.
Como mi amigo Óscar Bartolomé escribió en su web de cine, música y arte un ensayo sobre la peli de Coppola, Drácula de Bram Stoker, le pedí que me dejase incluiros este fragmento, que hace referencia a esa figura histórica. He aquí lo que escribió:

I - Historia y leyenda de Vlad III, ‘El empalador’

Vlad Tepes (sobrenombre que significa ‘El empalador’) nació en 1431 en el pueblo de Sighisoara, enclavado en Transilvania. Gobernó como príncipe de Valaquia (antiguo principado danubiano, que formo con Moldavia el reino de Rumanía) en 1448, de 1456 a 1462, y finalmente en 1476, año de su muerte. En aquella época el trono de Valaquia estaba amenazado desde el exterior por los turcos y húngaros, y en el interior por una aristocracia ávida y ambiciosa que promovía las luchas intestinas. Según recogen algunos documentos, encontró la muerte en un campo de batalla, decapitado por sus propios soldados, que lo tomaron por un turco.

Vlad III fue uno de los tres hijos legítimos de Vlad Dracul, nombrado caballero de la orden del dragón por el Emperador Segismundo de Hungría, y nieto de Mircea el Grande, soberano de Valaquia. El título nobiliario Dracul, que luego heredaría su ínclito vástago, se puede traducir lo mismo por ‘dragón’ que por ‘El Diablo’, como también se le conocía. El viejo Vlad residía allí en Bran Castle, convertido hoy en foco de atracción de turistas gracias a la popularidad de la novela de Stoker. El nombre de Drácula, como comúnmente es conocido su descendiente, proviene del patronímico ‘ulea’, que en rumano quiere decir ‘hijo de’. De este modo, Drácula es su nombre sincopado, que significa ‘hijo del Diablo’.

Padre e hijo se ganaron una merecida reputación de crueles y sanguinarios por su comportamiento bárbaro y tiránico. El pueblo le puso el apodo de ‘El empalador’ por su afición a aplicar este brutal castigo a todo aquel que contraviniera sus órdenes. No obstante, esta expresión no aparece en ningún manuscrito hasta mediados del siglo XVI. Vlad III era un consumado torturador que mataba por puro divertimento o movido por súbitos accesos de furia. Sus métodos de gobierno eran brutales y expeditivos. Hay miles de anécdotas que glosan sus tropelías. Se dice que para erradicar la mendicidad de Valaquia convidó a todos los indigentes a un ágape para acto seguido prender fuego a la sala en que se encontraban. En otra ocasión mandó preparar un banquete en medio de un campo sembrado de moribundos empalados, para disfrutar así de una agradable velada en un magnífico y salutífero paraje. El sultán Mehmed II, su gran rival, quedó horrorizado ante el aspecto que presentaban las afueras de Tirgoviste, capital de Valaquia, cuando la conquistó. Había hileras inacabables de cuerpos ensartados en lanzas que la mirada no alcanzaba a abarcar. Se estima que ejecutó a casi cien mil personas empalándolas, quemándolas o desollándolas vivas. Entre sus víctimas preferidas se contaban los infieles y las mujeres promiscuas.



En su país natal, Drácula está considerado como un héroe nacional por la defensa de Rumanía y del Cristianismo frente al avance del Imperio Otomano. El Papa Pío II lo consideró un paladín de la fe (¿para cuándo su beatificación?). Evidentemente, para otros fue un monstruo, sádico y déspota.

domingo, diciembre 11, 2005

Poema de Fernán González



Del Poema de Fernán González se conservan unas 700 estrofas en cuadernavía, en un manuscrito conservado en la Biblioteca del Escorial. Aunque cita un escrito o leyenda derivado de la Crónica mozárabe (h.754), la obra puede derivar de un cantar de gesta hoy perdido. Su autor conocería además el Libro de Alexandre.

Resume la historia de Hispania, con la invasión árabe y la figura de Bernardo del Carpio. Fernán González, criado por un carbonero, aparece desde la copla 174: muertos sus hermanos, hereda el condado de Castilla y vence a Almanzor, según la profecía del monje Pelayo en la ermita de San Pedro [de Arlanza], que recibirá sus donativos. Sancho de Navarra invade Castilla y lo paga con su vida. Contraataca Almanzor; Fernán González conoce de Pelayo -ya muerto- y de San Millán su futura victoria. Una serpiente aterra sus tropas, pero Santiago hace vencedora a Castilla.
Santiago hace vencedora a Castilla.
Sancho Ordóñez de León recibe del conde un azor y un caballo si paga al gallarín el posible retraso en la deuda. Mientras, la reina de León engaña al castellano, proponiendo unas bodas con doña Sancha, hija del rey navarro. Prisionero el conde, la infanta lo libera si cumple su promesa matrimonial. Huyendo, matan a un arcipreste que intenta forzarla. Antes de las bodas, el rey navarro ataca Castilla, pero su hija lo libera. Sancho Ordóñez pide ayuda a Castilla contra los moros. El conde actúa sin los leoneses, reclama su dinero y se defiende del rey navarro...Aquí se interrumpe la copia, que narraría la independencia de Castilla al no poder pagar el rey su deuda. La copia que se encontró está llena de errores de copista, pero no se dispone de otra mejor.
La fecha probable de su escritura es c. 1264-1270.

Copio el siguiente artículo que me parece interesante:
Una nación para un héroe
por Rosario González Galicia

A mediados del siglo XIII, época muy probable de composición del Poema de Fernán González, las preocupaciones políticas del rey castellano Fernando III estaban puestas en la reconquista de las tierras del sur (Sevilla, por ejemplo, se arrebata a los musulmanes en 1248). Las tierras del norte habían entrado en un preocupante proceso de abandono, producto en buena medida de la emigración hacia las tierras conquistadas. Arrastrados en este mismo proceso, los monasterios de Castilla cayeron en el olvido y la decadencia: perdieron las donaciones del rey y las ofrendas y primicias de sus antiguos feligreses, cosas ambas que acarrearon su ruina.

El autor del Poema, sea un monje del monasterio de San Pedro de Arlanza, sea alguien que escribe por encargo, tiene (lo mismo que, por ejemplo, Berceo respecto a los cenobios riojanos) la ardua tarea de hacer de su obra un instrumento de difusión y propaganda del monasterio. Su obra ha de servir de reclamo y recordatorio para los que ostentan el poder y para el pueblo. Lo mueve una clara finalidad: la revitalización del monasterio.



Sin perder de vista la tradición didáctico-religiosa, escribe un poema con el que, más allá del mero hecho literario, pretende dar a conocer la verdad de una época, presentándolo como la narración de hechos auténticos que acontecieron tal cual él los cuenta. Y se apoya para ello en la búsqueda de un personaje, Fernán González, en el que encuentra al héroe, y en el surgimiento de una nación, Castilla; héroe y nación que aparecerán como paradigma de la Cristiandad (y su sostén y refugio en los momentos decisivos) contra el mayor de sus enemigos, el Islam. Une, pues, el autor en su obra de forma indisociable dos aspectos: el religioso y el político.

El héroe, en la descripción del poeta, cumple las características rituales de su esencia: es un ser profundamente religioso, que reza ante cada situación de apuro, al tomar las riendas del condado, antes de entrar en batalla; y, al tiempo, es el mejor guerrero ante el ejército enemigo y el mejor caudillo y gobernante de su pueblo. ¿Cómo relaciona el autor a este ser extraordinario que es Fernán González con el monasterio de San Pedro de Arlanza? Haciendo que sea la mano divina, disfrazada de casualidad, la que lo guíe hasta el monasterio, donde fray Pelayo le profetiza que conseguirá vencer a Almanzor (que, por sinécdoque, representa a todos los musulmanes) y que será el caudillo del pueblo castellano, porque, en todo ello, es Dios quien lo guiará. La mano divina va conduciendo, paso a paso, al héroe al encuentro con su grandioso destino. Pero fray Pelayo, después de su anuncio, le hace su petición: la de no olvidarse, una vez haya vencido al enemigo y se haya convertido en adalid de la Cristiandad, del convento de San Pedro. Fray Pelayo, de una forma práctica, viene a servirse de la máxima latina del do ut des. Y, como cabría esperar de su condición de héroe, Fernán González se compromete a cumplir con la petición del monje, y en términos bastante generosos: legar a su muerte su patrimonio al monasterio, hacer construir un convento mejor y elegir su iglesia como lugar para su enterramiento. En lo relatado está el meollo del poema; en unas pocas estrofas (de la 237 a la 250), engarce entre los episodios anteriores y posteriores, se da carta de naturaleza, nada menos que mediante la intervención divina, a un héroe (y, por representación de éste, a una nación) que ha de salvar a la Cristiandad del enemigo que el Islam encarna. Y esta Cristiandad está capitaneada por España, y esa España identificada con Castilla; de esta manera, Castilla, nación acaudillada por alguien con las características de un héroe, se erige en baluarte y refugio de la Cristiandad.

El poema está impregnado, desde sus comienzos, de una idea nacionalista: 'España'. Se trata de una España cuyos habitantes son indudablemente cristianos: Desque los españones a Cristus conosçieron, /.../ nunca en otra ley tornar se non quisieron (9 ac); una España que, como por contagio, hace que los que a ella llegan se conviertan a la fe verdadera: Non fueron estos godos de comienço cirstianos, /.../ Passaron a España con el su grand poder /.../ Fueron de Sancti Spiritus los godos espirados, /.../ conosçieron que eran los idolos pecados, /.../ Demandaron maestros por fazer se entender / en la fe de don Cristus que avian de creer; /.../ Rescibieron los godos el agua a bautismo, / fueron luz e estrella de todo el cristianismo; (16a... 23b); y es una España que esos neófitos mantienen como nación unida en la fe: Era estonce España toda d'una creençia, (37 a). Esta España se pierde por la culpa que el rey Rodrigo ha contraído a los ojos de Dios y por la desleal actuación del conde don Julián, miembro de esa estirpe cainita representada por los hijos de Witiza, que non devieran nasçer (41 a) y que, inspirados por el diablo, fueron el escomienço de España perder (41 d). A pesar de todo, España resurgirá; y en su recuperación intervendrá decisivamente el conde Fernán González.

Pero España es sobre todo Castilla. Al lado de los otros reinos, se dice de ella que es Castiella la preçiada, / non seria en el mundo tal provinçia fallada (57 cd). Castilla es el último refugio de la Cristiandad ante la expansión mulsumana: alçaron se en Castiella, assi se defendieron, /.../ tovieron castellanos el puerto bien guardado, / por end' de toda España esse ovo fincado (86 c... 87 d). Es Castilla quien enarbola la bandera cristiana para comenzar la Reconquista, que se inicia con milagro: Cristo envía a los castellanos un ángel que les anuncia que busquen a Pelayo, lo hagan rey y acaten sus decisiones; una vez elegido rey Pelayo y comenzada la batalla (la de Covadonga) contra los moros, se produce el milagro de que las flechas que los enemigos lanzan contra los cristianos se vuelven contra ellos (115-120).

La identificación de Castilla con España y el nacionalismo, que, siendo de la una, lo es de la otra, los muestra claramente el episodio de la batalla de Roncesvalles. Los hechos históricos quedan retocados por la mano del autor, que da a entender que el rey Alfonso II ofrece el trono de España a Carlomagno, aunque luego cambia de opinión ante la negativa de su nobleza, encabezada por Bernardo del Carpio: Dixo que mas queria commo estava estar, / que el reino d'España a Francia sojuzgar (129 ab); y, cuando Carlomagno, que non fue bien consejado (130 b), decide venir a conquistar España, el autor del poema hace que Castilla sea la representación de esa España (Ayunto sus poderes, grandes e sin mesura, / movio pora Castiella, ¡tengo que fue locura!; / al que lo consejo nunca l' marre rencura, / ca fue essa venida plaga de su ventura, 131), y que a los caballeros castellanos se les conceda el honor de figurar en primera línea en el combate (Fueron a Çaragoça a los pueblos paganos, / beso Bernald del Carpio al rey Marsil las manos / que dies' la delantera a pueblos castellanos / contra los Doze Pares, essos pueblos loçanos, 142).

Tras la exposición narrativa, a modo de corolario insoslayable, el poeta hace el elogio de España (145-156), pero donde se exalta especialmente es en el elogio a Castilla (157-158). Es revelador comparar ambos elogios. El de España, en el que por cuatro veces se dice que es la mejor de las tierras, se centra en tres aspectos: la bondad de sus tierras, la de sus productos y la excelencia de sus caballeros (entre los que se incluye al caballero divino, el apóstol Santiago); una vez señalada su perfección (Commo ella es mejor de las sus vezindades, 156 a), se concluye que assi sodes mejores los que España morades (156 b). Por su parte, el elogio de Castilla, bastante más breve, no hace ninguna referencia a las peculiaridades de sus terrenos o a sus riquezas naturales; es innecesario, porque, una vez el autor ha cantado las excelencias de España, le basta con comenzar el elogio de Castilla diciendo: Pero de toda España Castiella es mejor (157 a); con eso está dicho todo: si España en la mejor tierra de cuantas la rodean, Castilla representa lo mejor de España, es el modelo, y decir Castilla es decir España; y un poco más adelante el escritor precisa más: Aun Castiella Vieja, al mi entendimiento, / mejor es que lo al, por que fue el çimiento, / ca conquirieron mucho maguer poco convento (158 abc).

Podemos extraer de lo expuesto una conclusión muy clara: el evidentísimo nacionalismo castellano-español que defiende el poema no es sólo de tenor político. España y Castilla van guiadas por la mano de Dios. El nacionalismo queda bendecido y, por lo tanto, justificado.

Mester de clerecía



Ms. de uno de los ejemplares del Libro de Alexandre

Mester trago fremoso non es de ioglaria
Mester es sen pecado ca es de clerezia
Fablar curso rimado por la quaderna uja
A sillauas cuntadas ca es grant maestria



(Tengo un oficio hermoso; no es de juglaría.
Es oficio intachable, porque es de clerecía
hacer frases rimadas por la cuaderna vía
a sílabas contadas, que es gran maestría)

MESTER DE CLERECÍA
La primera vez que se emplea este término es en las primeras estrofas del Libro de Alexandre (¿1202-1228?). Y en ella se incluyen las ideas de enseñar y dominar un arte determinado o una ciencia. Mester también tiene el significado de ‘misión’
Es, por tanto, un arte que se debe enseñar y es propio de clérigos que han pasado por la escuela de Retórica y por la escuela catedralicia (germen de las actuales universidades).
Esta aspiración de hacer arte con las palabras y los versos es común a los del mester y a los novelistas del ‘roman courtois’ (novelas primitivas) Chretièn de Troyes (autor de algunas de las novelas más populares del ciclo artúrico en Francia), escribe que cada uno debe esforzarse en bien decir y bien enseñar. Él toma una materia ya existente (la materia de Bretaña), la estructura y reelabora para convertirla en novela culta. Igual que los poetas del mester de clerecía, que se basan en crónicas pseudohistóricas o vidas de santos preexistentes.
En Castilla, los primeros textos de clerecía son de origen clásico: el Libro de Apolunio
y el Libro de Alexandre y surgen como un intento de la clase alta para apropiarse de la erudición del clero, reforzando así su posición social.

Libro de Alexandre

Contiene gran cantidad de conceptos científicos, culturales y de ideología que son importantes para comprender el mundo del siglo XIII.
Hay dos manuscritos. Uno con rasgos de habla leonesa, y otro con rasos aragoneses.
La figura de Alejandro Magno es mítica, y sigue siendo motivo de interés (Véanse las películas de Oliver Stone y otros). Refleja el modelo único de conquistador total, muerto en plena juventud. Su figura en el libro, es vista desde tres perspectivas:
-la de caballero
-la transmitida en los sermonarios y libros de enxiempla (ejemplo de joven arriesgado y a la vez cultivado)
Alejandro como filósofo y moralista.

Gonzalo de Berceo

Nace probablemente a fines del XII. Hay datos que le sitúan como estudiante en Palencia y más tarde en San Millán de la Cogolla, vuelve a aparecer en diversos documentos y en 1237 aparece ya como preste (un tipo de clérigo de mayor categoría). Muere probablemente c. 1252-1260.
La misión principal de los monasterios es rogar a Dios, orara, además de conservar las reliquias para ser adoradas por los peregrinos.
Para el monasterio, lo principal no es la historia política, sino las Vidas de los Santos cuyas reliquias ellos guardan o exhiben. La aparición de eremitas, el descubrimiento de ciertas tumbas importantes en los alrededores, la historia como reflejo de la voluntad divina: he ahí los elementos que pronto van a ser utilizados por los monasterios en busca de fama, peregrinos y prosperidad económica.
En este contexto, los monasterios de la Rioja Alta tienen una gran importancia en la época, así como los de la colindante Castilla. Esta zona se convierte en una de las de mayor cultura escrita de Europa. Entre los siglos IX, X y XI pasan los manuscritos de los mozárabes y los de Francia por sus bibliotecas. En estos monasterios se copian muchos documentos manuscritos, a los que se agregan notas y comentarios eruditos. Durante el siglo XI, San Millán es el monasterio más rico en libros de toda Castilla y segundo en la península después de Ripoll. En San Millán se escriben las Glosas Emilianenses.

Por otra parte, en el XI se eliminan monasterios menores y se asimilan a los mayores y y hay una evidente concentración de poder. San Millán absorbe 13 monasterios.
Para mediados del siglo XIII se inicia la decadencia de este monasterio y en tiempos de Berceo, ésta ya es total. Hay competencia entre la Iglesia secular y los monasterios. El derecho a cobrar los diezmos queda en manos del arzobispado. Se crean nuevas órdenes religiosas con una organización militar, de economías más cerradas, autónomas económicamente, y esto afecta a los monasterios más feudalizantes como el de San Millán, que debe modernizar su economía para hacer frente a la crisis.
Toda la obra de Gonzalo de Berceo está escrita en función de estos intereses de San Millán.



Los dos grandes monasterios de la región deciden unirse en esto y firman un pacto de hermandad. Es entonces cuando Berceo escribe La Vida de Santo Domingo de Silos
Santa Oria es una ermitaña que está enterrada en San Millán. El libro de los Milagros de la Virgen se inscribe dentro de la tradición mariana europea, y también porque en San Millán de Yuso existía una imagen de la Virgen que era muy venerada (la Virgen de Marzo).
Por su parte, el Martirio de San Lorenzo se escribe porque hay una ermita de San Lorenzo que pertenece a San Millán de la Cogolla.

Estructura, métrica, estilo del Poema de Mio Cid





Estructura

Aunque Menéndez Pidal dividió el Poema en tres cantares, en él hay dos tramas que se cruzan y por tanto, hay una estructura bipartita, cuyo punto de inflexión está más o menos a la mitad del Poema:

a) El tema del deshonor del héroe por causa de un complot de los grandes nobles : eje central de la obra, motivado por el injusto destierro del Cid ; continúa con el progresivo engrandecimiento del Cid mediante sus victorias y las riquezas que éstas le procura. A medida que se enriquece, el Cid no deja nunca de enviar su parte al rey, mostrándole así su inquebrantable lealtad. Finalmente se describe la entrada triunfal del Cid en Valencia. El Cid recupera el favor del rey, quien le propone un doble matrimonio muy ventajoso (desde el punto de vista social) para él y sus hijas, con los Infantes de Carrión.

b) Las bodas de las hijas del Cid y el injusto trato que reciben por parte de los infantes de Carrión : esto motiva que el Cid obtenga la culminación de su honor. Finalmente las hijas del Cid se casan con los infantes de Navarra y Aragón.
El Cid nunca busca venganza, siempre una justa reparación. Ésta se obtiene mediante el torneo final.

Aspectos formales : métrica y estilo

Métrica :

La versificación es irregular : la medida de los versos oscila entre las 10 y las 20 sílabas, aunque se aprecia un predominio de los de 14, 15 y 13 con hemistiquios de 6, 7 y 8 sílabas combinados preferentemente en 7 + 7, 7 + 8 y 6 + 7. Los versos están agrupados en series o tiradas que encierran una misma idea, cuya asonancia es más o menos continua. Suele cambiarse la asonancia cuando la narración da paso al discurso directo o viceversa y cuando una nueva escena o tema.
Hay investigadores que sugieren que la métrica tiende a ser octosilábica.
Otros sugieren que la métrica es acentual de cuatro acentos, dos por hemistiquio.

Dios qué buen vasállo//cesura//si oviésse buen señór

Estilo :

En muchos versos no hay un narrador omnisciente, sino que la narración se hace a través de un personaje que ve con sus propios ojos las escenas narradas. Se presenta la acción para que se deduzca la bondad del personaje y la inocencia de éste, al mismo tiempo que la maldad y la mala fe de sus adversarios.
Las caracetrísticas principales del Poema son la expresividad, el gusto por la precisión y la visualización de las acciones a través de la descripción.

Con el propósito de ennoblecerlos el poeta dota a los personajes de cualidades excelentes mediante el epíteto épico - "el que en buen hora nació", "el bueno de Vivar", o de adjetivos caracterizadores, ponderativos o afectivos que se extienden no sólo al héroe, sino también a su mujer, a su caballo, ... Visualiza las escenas de emocionantes mediante expresiones deícticas, señaladoras - afectos (heos aquí), veriedes - porque presupone un auditorio ; en estos casos el autor se introduce en la obra haciendo sus propios comentarios. El vocabulario que alude a prácticas legales, usos feudales, arte de la guerra y ropajes es amplio y sirve para dar a conocer costumbres y modos de vida. Se usa con cierta frecuencia el ablativo absoluto. Hay pleonasmos - llorando de los ojos - que intensifican la expresión emotiva. Se suelen anteponer el artículo al adjetivo, con lo que se le individualiza y se le atribuye la cualidad en exclusiva - Castilla la gentil, Valencia la clara. Abundan las descripciones de personas, batallas y lugares. Para terminar hay que destacar la claridad, simplicidad y a la vez severa grandeza que el poeta confiere a la narración que discurre con rapidez y viveza (dinamismo). La ornamentación es sobria y la adjetivación escasa. La expresión adquiere una infinita gama de matices que van desde lo finamente irónico a lo dramático.

Temas

En primer lugar se señala el tema del restablecimiento del honor del héroe, perdido a causa del destierro. Entonces el concepto del honor equivalía a "posición o rango social".
La ascensión del Cid al poder es otro de los temas. El destierro que sufre el héroe supone el desamor del rey y la muerte jurídica del Cid. Para conseguir el poder lucha y gana batallas y riquezas a las que se les concede gran importancia en la obra. En la lucha por el poder son importantes las hijas, por las que siente gran ternura, pero las mueve en el tablero según sus conveniencias como cualquier señor medieval.
También hay que destacar el tema de la integridad . El Cid se demuestra íntegro en un sentido cristiano, feudal y social . Esta integridad le gana la adhesión de sus vasallos y su generosidad y fidelidad le hacen recuperar el favor del rey. Es tierno y humano en el amor a su familia y a sus amigo, religioso, cortés, astuto, discreto y valiente en la lucha.


Historicidad, ficción y realismo

El poema tiene rasgos realistas claros y las acciones son humanamente creíbles. Sus enemigos lo son también (en contraste con la épica francesa, tan fantasiosa)s espadas en la francesa o en la matera de bretaña tienen un valor mágico, mientras que en el Poema de Mio Cid sólo valen por su precio. Además, gran parte de los personajes y hechos que nos muestra están atestiguados históricamente, auqnque otros (la parte de la afrenta de Corpes, y del león, etc, son ficticios,aunque también es cierto que en la época, la frontera de lo real y de lo ficticio no es como la nuestra).
Pero la intensa exaltación priva al texto de cierta imparcialidad y exactitud que, por otra parte, no era lo que pretendía el autor. Obviamente, no se pretendía hacer un texto histórico, sno un texto entretenido.
El realismo es otro de los valores añadidos al Poema. Las batallas, los lugares geográficos citados, las costumbres, vestidos y comida, aparecen descritos con fidelidad.

Los juglares medievales



Los juglares son personajes con una situación profesonal estable para la época. Su trabajo es remunerado al terminar la representación. Se tiene noticia de juglares con posesiones. Su vida es itinerante, excepto en los más crudos inviernos, en que vuelven a casa o a una corte a buscar refugio.
Los juglares, para entretener a su público se hacían acompañar de animales: o viajaban con saltimbanquis. Los hay que lanzan cuchillos, los que se disfrazan, los que cortan el pelo. También hay alguna que otra juglaresa o soldadera (que es sinónimo de prostituta).

La función del juglar

Realiza representaciones, organiza bailes, canta y recita canciones o historias tradicionales, toca intrumentos...
El repertorio de un juglar consta de cancioncillas tradicionales (romances), cantares épicos cultos (Poema de Mio Cid o Cantar de los Infantes de Lara), o alguna Vida de Santos ( Las vidas de Santo Domingo de Silos o de Santa Oria), sobre todo a partir del siglo XIII. Los juglares conocían también canciones provenzales (francesas) o Cantigas galaico-portuguesas (a través del Camino de Santiago que con frecuencia recorrían en busca de mayores audiencias).

El trovador compone y escribe, y crea, mientras el juglar solamente acompaña, representa lo que escribe el trovador.
Alfonso el Sabio dirá en sus Partidas que los cortesanos deben hacer recitar los cantares de gesta porque son moralmente recomendables y porque incitan a los ejércitos para la lucha y los convierte en más valerosos.

Parte de la Épica en Europa está en decadencia mientras que en España florece. En Europa se crea la ideología del amor cortés que llevará la literatura a la poesía amorosa de Dante y Petrarca, mientras que aquí sigue vigente el ideal de la épica.